lunes, 23 de mayo de 2011

Más sobre el estereotipo del malandro...

Para seguir con mi búsqueda sobre la cinematografía venezolana, me permito retomar a Robyn Quin, quien asegura que los estereotipos representan parcialmente modelos sociales y culturales existentes. “Son enfoques concretos sobre el mundo en general y sobre grupos humanos en particular, puntos de vista que simplifican y fragmentan la realidad…” (Aparici, 2010:41). Para entender mejor a los estereotipo, Quin agrega los conceptos clave de repetición, “categorización del mundo real”, naturalidad, codificación y reforzamiento del sistema de convenciones sociales, representación de grupo, descripción subjetiva y definición, inmersos en los estereotipos (pp. 48).
 Carmen Cantillo (Aparici, 2010:309-310), al citar a Lippmen, se refiere a la figura femenina, específicamente a las princesas del mundo Disney como se mencionó en una entrada anterior; el cine venezolano, enmarcado en una dura realidad social, ha mostrado en sus producciones representaciones de la prostituta o de la mujer humilde de barrio, la que es madre y padre a la vez, muy al estilo de las telenovelas. Un ejemplo de ello es la película El Pez que Fuma, de Román Chalbaud, que recrea diferentes tipos de prostitución a través de los personajes de un prostíbulo ubicado en una ciudad costera del país y que tenía ese nombre. Y en el caso de los roles masculino, hay mucho del vaquero americano y del charro mexicano del cine de los años`50 , en el delincuente latinoamericano que hemos visto en el cine nacional.
Gianfranco Bettetini y Armando Fumagalli (Aparici, 2010:101) recuerdan la mención que hace Genette del western americano para introducir el concepto de género como un “conjunto de textos que tienen un guión en común o, también, el conjunto de trazos comunes que definen y nos permiten reconocer y clasificar un conjunto de textos”. Así, cada género cinematográfico suele contar ese guión común con roles caracterizados por rasgos particulares.
Se podría decir que en Venezuela hay influencias de ambas cinematografías, del cine de Hollywood, con sus vaqueros que desenfundaban pistolas y hacían gala de su rudeza; y al mismo tiempo, del cine mexicano, con sus charros que idealizan la figura del macho latino. En la filmografía criolla podemos apreciar el mismo uso de las armas de fuego, el cuidado de las imágenes de violencia, con planos que se detienen a mostrar los cuerpos de las víctimas, el momento en que desenfundan las armas, el excesivo uso de un vocabulario vulgar y agresivo, etc.. Como muestra es recomendable ver la escena del tiroteo, casi al final de Soy un delincuente, donde cae muerto el personaje de Nelson, el pandillero amigo del protagonista.
En lo que concierne al rol de la mujer, en esa misma película ocurre algo similar que con el tratamiento masculino. En la contraparte femenina del malandro de Soy un delincuente está el personaje de “La Catira”, que es la antítesis de la mujer maternal y protectora, y más bien se acerca a la villana de Disney, capaz hasta de corromper a un niño para que robe y así obtener dinero para su beneficio.

Una sola cara: el canon representacional
De no ser por la distancia de tiempo entre la realización de Soy un delincuente y la de Secuestro Express, se podría pensar que este último film es parte de una saga, que retoma el mismo contenido pero en versión más actualizada y digitalizada. A propósito, Roberto Aparici y Ángel Barbas (2010:35) citan a la escritora de Nigeria, Chimamanda Adichie, quien advierte sobre “el peligro de contar una sola historia”. Para ella este tipo de relatos que vuelven sobre lo mismo a través de los diferentes medios terminan convirtiéndose en “un canon representacional” (Aparici, 2010:35-36) y añade que los medios tienden a “construir una única manera de abordar un tema o de explicar un conflicto” (pp. 36).
Estas dos películas venezolanos, Soy un delincuente y Secuestro Express, muestran cómo en el cine nacional se ha tratado de forma estereotipada la imagen de los jóvenes pobres, exhibiendo una sola faceta que es la del hombre violento, sin escrúpulos, sin valores como canon representacional; y dejando de lado a muchos otros modelos de chicos que se esfuerzan por salir de la pobreza luchando a diario con un medio social que va en contra de este propósito. “…el problema con los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos. Hacen de una sola historia una única historia”, reitera Adichie (Aparici, 2010:40).

Bibliografía y webgrafía
Aparici, Roberto  (2010).  La construcción de la realidad en los medios de comunicación. Universidad Nacional de Educación a Distancia, UNED. Madrid.

Venciclopedia.com (diciembre 2010). El pez que fuma. Sinopsis y ficha técnica. Recuperado el 14 de mayo de 2011 de: http://venciclopedia.com/index.php?title=El_pez_que_fuma

Soy un delincuente 1/9 (El comienzo) Cine venezolano. Video en: http://www.youtube.com/watch?v=DEK0iwY5lHM

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